La mala salud de hierro del deporte aragonés

Aragón goza de una buena salud deportiva. Aparentemente. La comunidad cuenta con equipos de élite (máxima categoría) en las disciplinas más destacadas y tanto masculinos como femeninos: Real Zaragoza y Prainsa en fútbol, CAI Aragón en balonmano, Mann Filter en baloncesto (más ese ACB en eterno proyecto que es el CAI Zaragoza), DKV Seguros y Mainfer en fútbol sala, Fábregas Sport y CAI Teruel en voleibol, Waterpolo Pla-Za y Cablescom en waterpolo, CH Jaca en hockey hielo. Si hiciéramos un estudio comparativo ponderando número de habitantes y de licencias deportivas, probablemente descubriríamos que Aragón es una de las primeras potencias españolas, solo superada con claridad por Cataluña, en cuanto a número de clubs de élite se refiere.

Pero, ¿es esa la realidad? Excluyendo al Real Zaragoza, al CAI Zaragoza y al CAI Aragón porque, por diferentes motivos, cuentan con los apoyos suficientes como para ir tirando y tienen el innegable respaldo de la afición, el resto de clubs sobreviven como pueden, malviven económicamente y eso limita sus aspiraciones a la mera permanencia. La trayectoria del Waterpolo Pla-Za, del DKV Seguros o del Mann Filter así lo confirma. Su futuro no está garantizado y en ningún caso se presenta prometedor.

Cada caso es un drama. El DKV atraviesa tiempos de zozobra, de una crisis interna descomunal y un desastre deportivo colosal. El Pla-Za se hunde sin que a nadie le importe demasiado, ni siquiera al propio club, que tiene fecha de caducidad. El Mann Filter se ve obligado a revolucionar su vestuario cada año porque no tiene dinero para retener a sus mejores jugadoras y ahora anda buscando un patrocinador fuerte que sustituya a Mann Filter para la próxima temporada. El CH Jaca ha visitado los tribunales por las elecciones a la presidencia y ha recibido la inestimable colaboración institucional para quedarse sin lugar de entrenamientos y juego.

Cuestión de pasta

El DKV Seguros Zaragoza milita en la División de Honor de fútbol sala.En cantidad, andamos sobrados. ¿Y en calidad? Quizá debiéramos plantearnos si merece la pena contar con tantos equipos pero en una situación tan pobre. De qué sirve tener clubs de élite si no pueden aspirar a nada, solo a estar, si solo producen quebraderos de cabeza y esfuerzos inútiles a sus gestores, que dedican buena parte de su tiempo libre, de su ilusión, a buscar lo mejor para el club sin resultado.

Todos estos problemas empezarían a solucionarse con una buena inyección económica. ¿Por qué nadie quiere invertir en estos clubs? La estructura interna suele ser tan pequeña que ninguno cuenta con un departamento de comunicación o marketing, lo que reduce a la mínima expresión su repercusión en los medios y, por lo tanto, anula el principal motivo por el que una empresa les daría dinero: conseguir publicidad amable y gratuita. Hace falta dinero. ¿Quién lo pone?

Otro elemento que hay que tener en cuenta en este asunto es el número de espectadores que asisten a los partidos. No debemos olvidar que los clubs de élite, muchos de ellos empresas, tienen un producto que deben vender a un mercado. Ahora bien, ¿hay mercado para todos? Debería, porque Zaragoza cuenta con 800.000 habitantes, pero las cifras de abonados son mínimas en casi todos los casos. Los ingresos por taquilla, insignificantes en el total. No nos acostumbramos a que hay que rascarse el bolsillo, siempre queremos ir gratis.

¿De dónde se obtiene el dinero? Del principal patrocinador, que es más o menos fuerte en función de los objetivos del club, de otras empresas privadas colaboradoras y del erario público. El dinero que llega de las instituciones tiene un problema. Además de ser, por lo general, una parte mínima de los presupuestos, llega tarde, cuando el funcionario de turno se acuerda de firmar el cheque, lo que puede obligar a los clubs a solicitar créditos para hacer frente a sus pagos e ir incrementando su deuda en una espiral infinita. Quizá una ley de patrocinio, como la que tienen los vecinos de la comunidad foral de Navarra, constituiría el primer paso hacia una más eficiente ordenación del dinero, tanto público como privado, que llega a los clubs. Mientras tanto, podemos ir apostando por qué entidad sucederá al Club Baloncesto Zaragoza y al Sego en la lista de los equipos aragoneses de élite que se ven obligados a cerrar por no tener un puñado de euros.

Artículo de Raquel Machín, redactora deportiva de “El Periódico de Aragón“ 

Imagen: Zaragocistas 

3 comentarios

  1. Gracias Raquel y enhorabuena por el acertado artículo. Has planteado muchas preguntas de difícil respuesta, y creo que todos deberíamos reflexionar sobre si merece la pena o no que exista tanto proyecto sufridor en nuestra Comunidad Autónoma. Yo opino que el aficionado de baloncesto merece tener un equipo de elite tanto masculino como femenino, lo mismo que el aficionado de fútbol, balonmano, voleibol, fútbol sala, waterpolo… Lo que también creo es que el aficionado del DKV, del Mann Filter o del Plaza (también del Bajo Aragón Caspe de División de Plata) no merece sufrir como sufre por los destinos de su club. Si queremos tener tanto equipo en lo más alto, debe ser con garantías de continuidad y con un respaldo económico que no haga que el futuro de los Víctor Tejel, Carlos Anós, Palomares y demás, sea incierto. Es muy triste que un club como el Mann Filter vaya a cortar a una jugadora por no tener dinero. ¿Quién debe poner ahí la solución: las instituciones públicas o privadas?

  2. Yo pienso q en Zaragoza solo tiene sentido el fútbol, el basket y el balonmano. El resto, para q tenerlos?

  3. pues yo pienso que si que tienen sentido otros deportes.Una mente abierta es capaz de aceptar que haya más disciplinas de deporte en equipo.Incluso hay otros deportes como hockey o rugby que pueden tenr cabida.Con el nuevo campo de hockey se pueden albergar partidos internacionales como el que tuvo lugar en octubre y el rugby en el velodromo tiene algún día que dar el empujón para darse a conocer.Además hay una labor importantísima de cantera en deportes como el Waterpolo en clubes como El olivar,helios y la Escuela.

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