España ha sido eliminada del Mundial de Croacia. Nos bailó Suecia, nos hizo un traje Croacia y la puntilla ha venido desde Corea. La selección no ha dado la sensación de ser candidata al título ni cuando ganó a las cenicientas del grupo. La pena es enorme por la imagen ofrecida ante el resto del mundo y ante muchos más medios de comunicación de los que habitualmente siguen a la selección. Nuestro balonmano, a pesar del póker del Ciudad Real en la última temporada, empieza a perder terreno peligrosamente con respecto a otros países. La crisis económica se está cebando con el balonmano español, nada que ver con el azote escaso que está produciendo en Alemania o Dinamarca, por ejemplo. Las próximas temporadas marcarán hasta dónde se desplaza nuestro nivel competitivo.
Ciertamente, es una pena lo sucedido. El fracaso de la selección no ayuda a paliar la situación que se viene generando en los últimos meses: impagos en numerosos equipos del balonmano español, marcha numerosa de grandes figuras a otras ligas, pérdida de poder económico en los grandes proyectos balonmanísticos españoles… Por si fuera poco, hasta las cifras de público asistente a los partidos parecen haber decaído. Pero la Bundesliga sigue llenando gradas semana tras semana. En el Mundial de Croacia, otros combinados están demostrando su hambre de balonmano. Todo lo contrario que España. Hemos tirado un campeonato del mundo, como si nos sobrase. Parece que tuviésemos el ego tan subido, que hasta podemos ir dejando los éxitos para otro momento.
Suecia es un ejemplo a seguir. Hace apenas cuatro años, los suecos -pese a su palmarés- se quedaron fuera de las grandes citas internacionales. Hubo cambio de seleccionador y las jóvenes figuras comenzaron a remar junto a los más veteranos por acabar con la sequía. Otro país, Croacia, está demostrando en los últimos años que tiene apetito de balonmano. El Zagreb se hartó de fichar a los mejores croatas y la nación entera se ha volcado con la cita mundialista.
Se acabó lo que se daba para España. También se acabó para Hussein Zaky y Felipe Borges. Unos días antes se acabó para el meta Ploquin, el seleccionador galo lo dejó sin convocar. Nos quedan los suecos Doder y Arrhenius junto al noruego Vatne. Son la representación naranja que resiste en tierras croatas. Una vez más, el campeonato mundial ha sido la gran oportunidad de lucirse para todos los jugadores. Borges, por ejemplo, ha cumplido con nota. Más de un equipo habrá puesto los ojos en él. Sobre todo porque no es caro, una de las fichas más asequibles de la ASOBAL. Eso hace que la renovación sea obligada con aumento de sueldo, por supuesto. Zaky no ha sorprendido a nadie, caso distinto al de Dalibor Doder. El sueco fue el mejor en la victoria de la amarilla sobre la roja en la fase de grupos. Y no faltaron ojos que lo contemplasen.
Queda toda la segunda vuelta de competición, en la que los fichajes se irán dando a conocer poco a poco. Según se ha dicho, la crisis no afectará gravemente al proyecto del CAI Aragón. Pero de ahí a competir con las grandes y nuevas fortunas del balonmano mundial… El club naranja es atrayente para clubes que buscan jugadores con futuro. El CAI los tiene a pares. Así que todos nos debemos preparar para un verano con muchos cambios en lo deportivo. Será muy difícil mantener la estructura del equipo si vienen grandes ofertas de esos clubes que superan holgadamente el poderío económico del CAI. Será difícil, por tanto, mantener a algunos jugadores de alto nivel, que alguna vez que han sido tentados por grandes clubes.
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